Se cree que en los
paises centrales desarrollados. Existen 30 millones de inmigrantes. Que
cada año le remesan a sus familias nada menos que 60 mil millones de dólares.
Y se han convertido en el soporte económico de muchos gobiernos en paises
en vías de desarrollo.
Son una comunidad más poblada que
la de muchos países latinoamericanos juntos, conformada por unos 30 millones
de migrantes latinoamericanos que se lanzaron al mundo industrializado en las
últimas décadas.
Esa tremenda masa humana se convirtió
en un poder económico con forma de salvavidas para sus empobrecidos países.
Quienes remesan a sus parientes nada menos que 60.000 millones
de dólares anuales según datos oficiales.
Una
idea sobre la importancia de estas cifras, la indica el hecho de que supera el
PBI sumado de Bolivia, Nicaragua, Ecuador y Costa Rica. El tamaño
de la marea humana que busca un mejor destino en el exterior, convierte a Latinoamérica
en la región del mundo que porcentualmente más personas expulsa
de sus fronteras. Y gran parte de esa población está conformada
por mujeres que se ven obligadas incluso a dejar sus niños a cargo de familiares.
La masa humana en el exterior representan 5% de la población latinoamericana,
tasa que duplica los estándares globales, explica la prestigiosa Comisión
Económica para América Latina y el Caribe, una organización
no gubernamental con base en Santiago.
Los mayores flujos de salida
ocurren en México, Colombia, Dominicana, Cuba, El Salvador, Perú,
Honduras y Jamaica.
La densidad de este problema explica que
la agenda migratoria seguirá marcando las relaciones entre el subcontinente
y el primer mundo, en especial con EE.UU., España y Canadá, principales
destinos de la inmigración. Jorge Martínez, experto de la Cepal,
sostiene que la inmigración, en casos como el de España entre otros,
puede ser atractiva debido a que aún tiene un sistema de pensiones de reparto
y una baja tasa de natalidad, lo que hace central obtener ingresos fiscales
para abastecer la demanda de pago del sueldo a los retirados.
En el polo opuesto, la región debe resguardar la gobernabilidad de su migración.
Ello implica evitar fugas de capital humano y aprovechar los miles de millones
de dólares remesados. Esto es particularmente importante para naciones
pobres, donde el PBI depende hasta 30% de las remesas . Ese es
el caso de Centroamérica, Ecuador y Bolivia.
El presidente hondureño
Manuel Zelaya ha venido denunciando las agresivas políticas de deportación
que aplica EE.UU. que, en lo que va de 2007, echó a 23.000 inmigrantes
de Honduras. El problema no es sólo la violación a los derechos
humanos que suponen esas políticas antiinmigratorias, sino la caída
de ingresos. En 2006 las remesas sumaron 2.359 millones de dólares y representaron
25% del PBI. Para 2007 las autoridades tenían proyectado unos 2.800 millones
de dólares, pero la cifra final será menor: 2.600 millones.
En El Salvador, con una enorme corriente de inmigrantes en EE.UU., las remesas
alcanzarán este año 2.350 millones de dólares, en alza frente
a los 2.177 del año pasado. Esas cifras son más que el triple
de lo que sucedía a comienzos de la década del 90 , lo
que indica la multiplicación del fenómeno del exiliado económico.
La migración no sólo apunta a las naciones desarrolladas.
Un 15 por ciento de ella es intrarregional y los principales destinos
son Argentina, Chile, Ecuador, Puerto Rico, Costa Rica y México.
Por eso, es importante que los gobiernos de la región adopten este tema
en sus agendas como sucederá, se espera, en la Cumbre Iberoamericana de
noviembre próximo en Chile.
Otro punto de preocupación
lo señala el Centro Latinoamericano de Demografía que detectó
que las mujeres son hoy quienes más abandonan sus tierras buscando
otros destinos. Dejan atrás hijos pero también vejaciones,
para intentar suerte como trabajadores domésticas, independientemente de
su nivel educacional que, en algunos casos, suele ser incluso muy alto.
"La femenización de los procesos sociales es irreversible", subraya al
respecto Martínez, de la Cepal, y explica que el fenómeno habla
de precariedad, pero también de mayor autonomía de las mujeres.
En cifras, en España por cada 100 mujeres latinoamericanas emigrantes
hay 80 hombres, aunque para algunos países como El Salvador y
Honduras, esa relación es 100/50.
Pero más allá
de estos problemas, también hay posibilidad de crear sinergia formando
redes internacionales en los ámbitos económicos, académico
y social. La Cepal sostiene que eso implicaría una mayor visibilidad
de los migrantes en sus propios países en el plano político. El
problema es que no hay políticas comunes en la región para tratar
este problema. Por ejemplo los ecuatorianos de la diáspora eligen seis
diputados al Congreso, pero en Chile u otros países esa posibilidad no
existe para quienes están radicados en el exterior.
Latinoamérica
es hoy la región del mundo que porcentualmente más personas expulsa
de sus fronteras, pero aún no logra articular políticas comunes
que conviertan a ese proceso en una oportunidad para sus sociedades, las que cargan
con 200 millones de pobres.
Última
actualización: Octubre 2007.